miércoles, 9 de mayo de 2012

EL MURAL MÁS IMPORTANTE DE MANZANILLO, OBRA DEL GRAN PINTOR CARLOS ESCOBAR LEÓN


CENTRO HISTÓRICO

Por Víctor Manuel Martínez

USOS Y COSTUMBRES DE LOS PORTEÑOS

En Manzanillo a los hot cakes se les conoce como kekis. Es muy rara la persona que se refiere a este postre con su nombre anglosajón, que se traduce literalmente como pasteles calientes, y la pronunciación es jot keiks, de manera que, como la gente no podía pronunciar correctamente, acabaron llamándoles kekis. Por fuera del mercado viejo 5 de mayo, se ponía un famoso vendedor de este postre, y cuando los padres de familia iban a hacer sus compras en familia al centro de abastos, los niños pedían que les compraran ahí los sabrosos kekis.

EL MURAL MÁS IMPORTANTE DE MANZANILLO,
OBRA DEL GRAN PINTOR CARLOS ESCOBAR LEÓN

En el año de 1959 se terminó un bello mural, obra de uno de los más grandes pintores que ha dado Manzanillo: Carlos Escobar León, quien aunque no nació en nuestra tierra, era porteño por adopción. Se encuentra a la entrada de la escuela primaria “Rafael Ramírez”, en un muro lateral, frente a la dirección y la escalera que conduce a la segunda planta de este plantel.

Fue, hasta donde se sabe, el único mural que hiciera Escobar, ya que fue un gran pintor de marinas, principalmente, utilizando como su técnica principal la acuarela, aunque también destacó en la elaboración de caricaturas. Se dice que trabajaba a gran rapidez, utilizando mucho agua al momento de pintar en los caballetes; pero en el caso de esta, su obra monumental, como es natural, no pudo usar la acuarela, ya que no resulta apropiada para pintar murales, y por esta razón lo elaboró al temple, es decir, usando polvos y pigmentos mezclados con huevo, sobre una mezcla de cal y arena con agua, conocido como fresco, que era la técnica que utilizaron los grandes maestros del Renacimiento en Italia, como fueron Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, entre otros, y que también se utilizó durante el movimiento muralista mexicano, encabezado por Diego Rivera, José Clemente Orozco y Jesús Alfaro Siqueiros, y en el que participaron además una gran cantidad de artistas de mayor o menor fama.

Este mural, con el paso del tiempo y de manera natural, debido a la humedad reinante en nuestro clima costero tropical, se empezó a dañar en su capa superficial, pues los hongos proliferaron en la parte baja, y luego en su parte derecha, creándose una capa de salitre. Para el tiempo de los años noventas, el deterioro ya era importante, y es por eso que se emprenden trabajos de restauración a la obra, por iniciativa de la entonces alcaldesa Martha Leticia Sosa Govea. Algunos opinan que la restauración no se hizo de la mejor manera, pero lo cierto es que, ya desde hace algunos años la obra mostraba alarmantes signos de deterioro nuevamente, por lo que se levantaron muchas voces pidiendo una mejor tarea de restauración.

Hay que decir aquí que, para estos tiempos, ya los pigmentos y polvos que utilizaron los muralistas mexicanos, que también usó Escobar León para su trabajo, son muy difíciles de encontrar, ya que poco se utilizan, de manera que para adquirirlos hay que acudir a tiendas muy especializadas en la capital de la república. Es por esto que en estos tiempos, en los murales que se están haciendo alrededor del mundo, los artistas han optado por utilizar el óleo, que antes se empleaba casi exclusivamente en obras de caballete. Por esto mismo, cuando recientemente el Instituto de Educación y Cultura de Manzanillo, que encabeza el Prof. Eduardo Rivera Valdivia, decidió hacer una restauración que fuera más duradera en sus efectos de preservación de este legado artístico de los manzanillenses, se optó por emplear el óleo, y se están poniendo tres capas, incluyendo el sellador, que harán que el mural quede más protegido.

Gracias a los buenos resultados que ha dado en la elaboración de varios murales en las instalaciones del panteón municipal Teresa S. de Escobar, el pintor manzanillense Melchor Álvarez Hernández ha sido comisionado a esta tarea, en la que lleva un avance cercano al 15%, ya que lo está haciendo con gran detenimiento, y se espera que en un lapso aproximado a los tres meses, quede íntegramente concluida. Es un trabajo muy laborioso, ya que se está respetando al máximo lo plasmado en la obra de manera original por Escobar León, pues, aunque dañados y semicubiertos por el salitre, los detalles del trabajo artístico son posibles de apreciar en su gran mayoría, además de que Melchor Álvarez está auxiliándose de fotografías antiguas del mural, que muestran como es que se hicieron los aspectos de cada sección de esta obra monumental.

Y es que Carlos Escobar era muy detallista, y puso en la escena énfasis en la vegetación, en las armaduras de los españoles, en los caballos, en la indumentaria escasa de los indígenas, en los barcos de vela fondeados a poca distancia de la orilla y las pangas.

En la parte derecha de la obra, una de las que están más dañadas, se  puede observar a un personaje misterioso, que es un soberano indígena; un cacique sentado en un alto trono bajo un techo de tela que le cubre del sol, tocada su cabeza con un enorme penacho de plumas multicolores, rodeado de lo que parecen ser otros indios que fueran sus sirvientes o esclavos, y por su espalda cuelga lo que parece ser una capa de piel de algún felino. Este hombre muestra dignidad y fiereza, y está sentado sobre un trono muy alto. De alguna manera en nuestra mente luego lo relacionamos con el legendario Rey Colimán, o con el Rey Ix del que habla en sus relatos el gran escritor y maestro colimense Gregorio Torres Quintero, que en los tiempos prehispánicos ya comerciaba con los chinos, que lo visitaban con mercaderías traídas en bajeles que cruzaban el ancho Mar del Sur (El Pacífico).

En cierta manera, este personaje misterioso incluido en lo plasmado por el Maestro Escobar se observa incluso más impresionante que el propio Cortés, que aparece melancólico con la mirada perdida en lontananza, como adelantando las aventuras y peligros de sus futuras expediciones, con rumbo hacia las Californias (Alta y Baja, siendo hoy la primera parte del territorio de los Estados Unidos). El título de la obra de Escobar, según lo muestra una placa al lado del mural, es “Hernán Cortés en el Puerto de Salagua en 1585, preparando la expedición a la Baja California”.

Las partes que ya han sido restauradas, que son las de la izquierda, desde arriba hasta abajo, se ven ostensiblemente más brillantes y claras que el resto de la pintura, con sus colores muy resaltados, y nos da una idea de cómo se verá todo, una vez que se haya concluido a cabalidad la restauración completa. La firma de Carlos Escobar se encuentra en la parte superior del lado derecho. De ese mismo costado, pero en la zona inferior se aprecia otra rúbrica, que es la de la persona que hizo la restauración primera, hace ya algunos años; en 1998 para ser más exactos, firma que resultó ser muy polémica, ya que la gran mayoría de los manzanillenses han visto con malos ojos que la persona que hizo este trabajo, la incluyera en el mural, alterando con ello el trabajo original. Y más cuando, al parecer de muchos, no hizo un buen trabajo. Melchor Álvarez no se atreve a calificar de bueno o malo lo hecho en aquella oportunidad, ya hace nueve años. Pero, se espera que en el presente trabajo de restauración, no se respete esa firma, que no es parte de la obra de Escobar en su estado primario, y que tampoco se añada ninguna otra por conducto de Melchor Álvarez.

Desde luego que hay algunos otros murales, pocos, en Manzanillo, como el del Aeropuerto Internacional de Playa de Oro, pintado por el Maestro Chávez Carrillo, y también hay varios en el edificio antiguo de la CROM, además de que existió otro muy interesante en la antigua escuela Juárez, ya desaparecida, que se ubicaba en parte de lo que hoy es el jardín principal “Álvaro Obregón”, del cual hablaremos en una próxima entrega, ya que tiene una historia por demás interesante. De los que permanecen, el de Carlos Escobar León es el más antiguo; tiene ya cincuenta y tres años de existencia, habiendo sido creado antes del azote del ciclón tropical de 1959, que marcó un antes y después en el desarrollo de nuestro puerto, y que afortunadamente no le afectó. Por cierto que, como dato curioso, Escobar León y Melchor Álvarez fueron compañeros de trabajo en Migración, hace ya mucho tiempo.

Carlos Escobar es, junto con Enrique del Castillo, Hilario Zapién y Felipe Vázquez Aréchiga, uno de los grandes pintores que ha tenido Manzanillo. Casi todos los manzanillenses conocemos de la existencia de esta gran obra, aunque no son tantos los que la han podido apreciar a detalle, de cerca, ya que está ubicada dentro de una escuela primaria pública, y por lo tanto, quienes no tuvieron la fortuna de estudiar ahí, a la vera y sombra de tan importante expresión de arte, la tienen que observar desde la reja externa de metal, y sólo algunos atrevidos piden permiso para ingresar y verla de más cerca.

Los turistas nacionales y extranjeros que arriban a Manzanillo año con año, no son enterados de la existencia de esta joya, y rara vez se observa a uno tomándole fotos o admirándola. Por el contrario, pasan de largo frente a la reja de la entrada de esta escuela, buscando algo interesante, sin saber que a unos metros de ellos se encuentra este gran mural.

Ojalá que dure muchísimos años más.

LOS MARINOS MERCANTES SON
RECONOCIDOS POR SU VALIOSO TRABAJO

En nuestro días, y desde hace algunas décadas, la Marina Mercante mexicana casi ha desaparecido, y representa una escasa importancia, por componerse de una flota muy pequeña. Es más, durante algunas décadas fue inexistente del todo. Tuvo otros tiempos mejores, su época de gloria, dorada. Muchos manzanillenses anduvieron embarcados en buques mercantes de bandera patria. Otros también lo hicieron bajo pabellones de otras nacionalidades, y así recorrieron el mundo, conociendo lejanos y exóticos puertos, asombrando a los locales a su regreso, con el recuento lo visto durante sus largos periplos.

En reconocimiento a todos estos hombres, se entregó en el 2008 un bello monumento a la ciudad de Manzanillo por parte del Gobierno del Estado, entonces encabezado por el ya fallecido, tristemente, Lic. Silverio Cavazos, el H. Ayuntamiento, en esos tiempos presidido por Virgilio Mendoza, y la comunidad marítima portuaria, siendo Capitán de Puerto por el entonces, el Cap. de Altura Enrique Casarrubias González.

El monumento “Marino Mercante” se encuentra ubicado en la Plaza de La Perlita, y que es obra del escultor Rubén Hernández. Está en un sitio estratégico, ya que, frente a La Perlita estuvo la primera Aduana del Puerto, la misma Perlita fue uno de los primeros terrenos que se limpió de maleza cuando en el Siglo XIX se reubicó el puerto de Salagua a su ubicación actual, a pocos metros de la sede de los Pilotos de Puerto, y a otros tantos del muelle fiscal y el playón, que recibieron a los barcos mercantes antes de que existiera el Puerto Interior, construido posteriormente en lo que fuera la laguna de San Pedrito.

Esta escultura muestra a un capitán al timón de su navío -que es la imagen clásica que siempre se muestra de ellos, aunque se debe de aclarar que esta tarea normalmente la hace el timonel, no el capitán-, con la indumentaria de un marino antiguo, con una chaqueta para protegerse del viento, con zapatos especiales para no resbalar sobre la cubierta en caso de estar mojada por mal tiempo, una gorra que le identifica aun más, y la barba cerrada, que entre los marinos era un privilegio de los capitanes llevarla, ya que demostraba que tenían rango y mando.

En esta obra se reconoce a la labor de los hombres de mar en pro del desarrollo de los puertos mexicanos, y muy en especial, en el nuestro, que actualmente es el principal del Pacífico.

¡Qué bonito es Manzanillo

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