miércoles, 9 de mayo de 2012

PORTAL DE LA CALLE MADERO


Centro histórico

Por Víctor Manuel Martínez

USOS Y COSTUMBRES
DE LOS PORTEÑOS

Nos distinguimos hasta en el modo de vestir. Un manzanillense que se precie, si va a usar pantalones cortos, no usa calcetines. Se usan calcetas y en algunos casos no se usa nada; pero jamás calcetines. Alguien con pantalón corto y calcetines largos de vestir, causa risa, y se piensa de seguro que es un turista, de Colima para allá, pues se considera que está vestido muy antiestéticamente.

Hasta los años ochentas, los manzanillenses usaban mucho el short, que es súper corto, que cubre abajito de las ingles; pero a partir de esa fecha, por influencia de los turistas norteamericanos, se empezó a usar la bermuda, y por estos días, es rarísimo que alguien use un short. Esos se usan si acaso para jugar al fútbol. La bermuda se considera que es más elegante, aparte de que puede llevar cinto y bolsas; o ser más playera y traer resorte a la cintura, y traer dibujos estampados.

Por nuestro clima, es raro que se use la camisa de manga larga, a no ser que haya algún evento muy solemne e importante; pero lo que si no se usa casi nunca, a menos que se trate del novio en una boda religiosa (porque ni para el civil), son el saco y corbata, o el smoking. Ni los más importante funcionarios de gobierno los acostumbran, pues en todo caso, algunos optan por la guayabera; pero lo usual es la camisa, fina, pero de manga corta. El clima caluroso no permite mayores lujos en el vestir.

Pero, curiosamente, en las fotografías antiguas de nuestro puerto, se observa que a finales del siglo XIX (que ya empezaba a haber fotografía por acá), y las primeras décadas de la pasada centuria, las mujeres usaban vestidos con largas enaguas, más propios de ciudad con clima templado a frío, mientras que los hombres era frecuente que anduvieran con camisas blancas de manga larga, pantalones formales de vestir y sombrero citadino (de esos de los que les ponen en las películas a los gánsteres y detectives policíacos), y de vez en cuando aparece retratado algún personaje con lo que parece una chaqueta o saco. A pesar del calor, algunas personas vestían muy formales y elegantes. Pobres, que calorón han de haber sentido.

Cosa curiosa, recientemente se han vuelto a poner de moda estos sombreros que aparecen mucho en las fotografías antiguas. Claro que ahora hay muchos modelos, en una amplia gama de colores, hasta colores chillones, y a base de materiales diversos. Es el Sombrero Panamá, con algunas variantes. Así es que, como se ve, las modas vuelven, y aquella antigua moda de usar los Sombreros Panamá (como registran las fotos antiguas), está volviendo. En Manzanillo, hasta hace unos años, si alguien se quería tocar la cabeza con alguna prenda para cubrirse del sol, generalmente lo hacía con una gorra. Casi todos los pescadores las usan, como si fueran jugadores de béisbol. 

Y que decir de las chancletas, las cruzaditas, de horcapollo, de plástico, estilo japonés, que han dejado su lugar al huarache moderno americano, generalmente a base de cuero. Eso sí, las prendas infaltables en el guardarropa de un manzanillense son los jeans de mezclilla y los tenis. Como que somos un poco informalitos a la hora del vestir.

PORTAL DE LA
CALLE MADERO

Desde finales de los años cincuentas está en un portal lateral de la presidencia municipal, por la calle Madero, el puesto de revistas y periódicos Escamilla, el cual fue abierto por el señor Juan Escamilla, y luego fue atendido por muchos años por su hijo Pedro Escamilla, y ahora sigue siendo operado por su familia. Es pequeño y metálico, pero forma ya parte del paisaje en esta zona. Entre los diarios que ahí se expenden, destaca desde luego todos los días desde muy temprano El Noticiero.

Ahí se ubicó durante algunos años el llamado Portal del Arte “Maestro Hilario Zapién Peregrina”, donde se montaban continuamente exposiciones pictóricas, escultóricas, fotográficas y artesanales, y se llevaban a cabo talleres sobre artes manuales diversas, para niños y público en general. Se extraña este espacio, que es revivido aun muy de vez en vez, y ahora se habla de que se volverá a utilizar con esta finalidad, e incluso se puso fecha para elo, el próximo 8 de mayo. Esperamos que así sea.

Bueno, pues en esta misma calle se encuentra el escritorio público de Mauro Virgilio Silva Fernández, el cual desde 1995 se encuentra ahí en los bajos de la presidencia municipal (ha estado también sobre la entrada principal del edificio de gobierno, sobre la Juárez), habiendo llegado por el terremoto que dañó el Palacio Federal. La razón fue que este escritorio público primero se encontraba en los portales del desaparecido edificio federal, del que en una próxima entrega hablaremos, si Dios lo permite, pues trabajaba fuera de las Oficinas de Correos (Servicio Postal Mexicano), ayudando a la gente a hacer giros postales y elaborar cartas.

Al volverse peligroso su lugar de trabajo, el presidente municipal del entonces, Dr. José Luis Navarrete Caudillo, lo reubica a donde está hoy. Mauro Virgilio permaneció desde 1982 hasta el 95 en el Palacio Federal, y desde esa fecha hasta ahora, ha estado en los bajos de la Presidencia, mayormente en la calle Madero. En este mes, precisamente, cumplió 30 años como evangelista, pues así se denomina en otras ciudades a la labor que hace.

Aunque la computadora le ha quitado muchos clientes, el sigue trabajando en su antigua máquina de escribir, y siempre haya los repuestos que necesita y las cintas. Siempre se requiere de su viejo artefacto para llenar, por ejemplo, formas fiscales, que no se pueden llenar tan fácilmente en un ordenador. Además, no faltan los que quieren que les mecanografíe una carta, lo mismo para un familiar lejano, que incluso una romántica para la chica de sus sueños, a la que no se atreven a hablarle de frente, y siente que un mero correo electrónico es algo muy ordinario para algo así.

Es una herramienta muy útil, desde luego, para las personas que no saben leer y escribir. Su trabajo lo hace sobre un amplio y elegante mueble de madera, que más bien parece el mueble de un piano. Si un día no se le ve ahí instalado, hace falta.

Parece mentira que en un espacio tan pequeño haya tantas cosas que llamar nuestra atención, pues en la esquina que da a la Juárez, también se encuentra el café Chantilly, uno de los más tradicionales y antiguos de Manzanillo.

Por ahí hay una entrada secundaria para ingresar a la presidencia municipal. Da hacia su patio central. De las tres puertas que tiene este edificio, es la menos importante; pues después del ingreso frontal por Juárez, está la de la rampa, que por años condujera hacia la cárcel. Pero por Madero hay una puerta pequeña con reja metálica negra, que tiene una rampa por donde alguna vez entraban las ambulancias a la Cruz Roja, pues ahí estaba la delegación Manzanillo, que ahora se encuentra en el Valle de las Garzas, a donde se reubicó para tener instalaciones mejores y más espaciosas.

Ahí está el Registro Civil, pegado a la Madero, y por esa rampa todos los días se ven ingresar muchas parejitas nerviosas, que van a dar el gran paso, que algunos califican de echarse la soga al cuello, que es de casarse. También se ve a los padres de familia que llevan a sus bebés en brazo, emocionados y alegres, para registrarlos. Hay que decir que este portal está generalmente sucio, con el piso embarrado, no quiero investigar de que, quizá porque se considere que es el costado menos importante de palacio municipal.

Tanto así, que algunos lo han usado de dormitorios, y en el colmo de los colmos, hace algunos días se pudo ver a alguien que improvisó un cuartito para pasar la noche, con dos mamparas de cartón que se usaban para las clases de los talleres de pinturas y para poner anuncios con tachuelitas. Por ahí hay muchas papelerías, principalmente destinadas a sacar copias, que aprovechan la cercanía del inmueble, en que se requieren reproducir muchos documentos.

Por esta calle y la 10 de mayo, aparecía durante principios de los ochentas un delincuente pervertido que nunca fue atrapado, conocido popularmente como “El Encuerado”, el que acostumbraba asustar a las féminas mostrándose frente a ellas desnudo. Para eso se acercaba a las transeúntes trasnochadas en una motocicleta, y bajaba rápidamente para abrirse una especie de gabardina o impermeable y enseñar su cuerpo tal como Dios lo había traído al mundo. La persona huía generalmente con rumbo hacia la calle México, mientras que el depravado subía a su moto, y siguiendo la circulación vehicular por estas calles tan poco transitadas -10 de Mayo y Francisco I. Madero-, escapaba tranquilamente por la Juárez, para perderse rápidamente.

La Madero, en este tramo, que continúa al otro lado del cerro denominado por Sepomex como Sector 4, siempre ha sido muy poco transitado, y más de las ocho de la noche en delante.  Y es que, por ahí no hay casas, sino que es una cuadra eminentemente comercial.

Es curioso que algunas calles en nuestro puerto son interrumpidas por las enormes moles de los cerros que conocemos como sectores, y al dar la vuelta a estas elevaciones, a una distancia considerable, encontramos que la calle continúa como si nada, con el mismo nombre que del otro lado. Y en medio está un sector lleno de casas habitación serpenteado por bifurcados andadores. Eso pasa con la extensa Calle Francisco I. Madero, partida en dos por el Sector 4.

También hay que decir que los nombres de las calles de casi todo el viejo casco urbano de nuestro puerto, el centro histórico, han cambiado de nombre a través del tiempo. Y que la presidencia municipal no siempre estuvo donde está ahora, sino que, habiéndose dañado el edificio con motivo del terremoto de 1932, aquel que provocó la Ola Verde que devastó a Cuyutlán, estuvo por algunos años sobre la Avenida Principal, la Calle México, hasta que fue levantado nuevamente en su lugar donde lo vemos ahora, marcado con el domicilio de Juárez  No. 100.

¡Qué bonito es Manzanillo

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